Otra manera de entender el urbanscreen

Empezamos a acostumbrarnos a contemplar inmensas pantallas en centros culturales, en edificios de todo tipo o en espacios públicos. Pantallas gigantescas que a veces son publicitarias y a veces auténticas obras de arte moderno. Unas se crean con la idea de una cierta permanencia. Otras con fecha de caducidad que se conoce en el momento de su creación.

Empezamos a acostumbrarnos a mirar al frente o hacia arriba para contemplar lo que se ofrece en esas pantallas. Pero no estamos tan habituados a mirar hacia abajo, hacia el suelo. Pero el suelo es también un magnífico lugar para comunicarse mediante pantallas digitales, para transmitir información, para provocar sensaciones que no se pueden incitar de otra manera. Se trata de mirar las cosas desde una perspectiva nada habitual que produce sensaciones complemente diferentes. A veces incluso desconcertantes.

Porque sí, es posible instalar pantallas digitales en el suelo, como demostró no un museo de Nueva York o de Londres, sino uno de Kazajistán, el Museo Nacional de Astana. El suyo fue un proyecto pionero pero muy interesante. Nada menos que 5650 metros cuadrados con pantallas de 46 pulgadas unidas ópticamente para crear una mayor sensación de realismo a las proyecciones.

Pantallas realizadas con un vidrio especialmente resistente, antideslizante y que pese a todo ofrece un magnífico brillo y contraste para crear experiencias increíbles. Una invitación a mirar lo que ocurre a nuestros pies como parte imprescindible de la propia exposición del museo. Porque el suelo es un complemento, una guía y un apoyo a lo que se puede contemplar a la altura de los ojos.

Una nueva manera sin duda de entender el arte y también el concepto de exposición, porque en este museo, se mire donde se mire, hay algo que atrae la atención. Y es que usar el videowall como alfombra es una manera distinta de enfocar el valor expositivo del contenido de un museo que no necesariamente tiene que ser de arte moderno.